Sobre el ensueño y el silencio

 

Los dibujos y las pinturas muchas veces se superponen sobre sus soportes, o anulan directamente disminuyendo su presencia hasta la completa inexistencia. En algunos casos, dentro de la pintura, cubrir centímetro a centímetro la superficie hace desaparecer la idea de fondo, quitando todo su potencial discursivo. Sin embargo, en la obra de André Strahinja las figuras se develan sigilosamente desde el fondo del soporte como si estuviésemos frente a una aparición inesperada y fantasmal sobre un precario y delicado papel a punto de resquebrajarse.

 

Los papeles utilizados por Strahinja son extraídos del imaginario escolar, probablemente ochentero y noventero, con una coloración amarillosa propia del desgaste del tiempo. Un soporte que es temporalidad a la vez. Los colores de los dibujos y los motivos infantiles que son dispuestos sobre estos papeles tramados en un sin fin de líneas paralelas, aluden indiscutiblemente a un imaginario melancólico infantil. Aquí las obras no hablan de la fuerza infinita de un infante, sino que de un silencioso niño, que dentro de su contexto / soporte, va apareciendo dentro de una obra de arte.

 

Por eso es que la obra tiende a ser fantasmagórica, en el sentido que sus imágenes son apariciones, desde la delicadeza de la línea hasta la sutil representación de las facciones de los cuerpos dibujados. Estos hacen presente, de manera semimágica –similar a los pájaros que aparecen tras soplar un sombrero en un truco de Copperfield– al niño silencioso que se esconde tras estas hojas de cotidiano uso escolar.

 

En este sentido la relación con la infancia, en cuanto a los modelos y las hojas extraídas de cuadernos, en el caso de los soportes, son una amalgama inseparable. Hablan de la misma temporalidad. Están encapsulados en el mismo año y en el mismo tiempo que determinan las materialidades de las obras. Una anotación en el cuaderno, con lápiz pasta rojo de “no olvidar”.

 

De todas maneras es un tiempo pasado, no es un estado infantil perpetuo, ni una escolaridad universal equiparable a la actual. No hay cuadernos Rhein con los diseños de los programas de moda, ni lápices de colores imposibles, que hoy llegan incluso a brillar en la oscuridad. Son todos de una gama deslavada y de poca preocupación en el diseño propagandístico de las páginas, donde siempre se recuerda qué asignatura es, y sobre todo, de qué marca es el cuaderno. Aquí las obras siempre son como un suspiro sobre un papel que puede desaparecer como arena en las manos mediante un soplido. André Strahinja encuentra en este estado la belleza de sus imágenes. Todo el silencio que plantean las obras con una liviandad peligrosa ante las manos descuidadas de cualquiera que las toque. Espejismos o apariciones pueden desaparecer ante cualquier movimiento en falso. Dibujos que son esquivos y efímeros, una especie de ensueño de una infancia sensible y observadora. Todo aquí es una ilusión que puede desaparecer en cuanto intentemos tocarla o hacerla nuestra.