HABITAR ESPACIOS IMPOSIBLES / SOFÍA SQUADRITTO

 

Entre las disciplinas del arte, el dibujo es probablemente la forma más directa de inscripción de una huella. Una manera de hacer concreta una conexión entre la acción física del trazado –que sale de lo inmaterial del mundo de las ideas– hasta su proyección en un objeto artístico. Es una forma de hacer visible la emocionalidad y las estructuras de pensamiento. Si tomamos en consideración la etapa infantil, cuando el sujeto comienza a conocer el mundo y a reconocerse a sí mismo, el trazar una línea se transforma en un punto de medida en cuanto a la dimensión de las cosas, una forma de establecer el límite natural del movimiento de un brazo. En este sentido, el dibujo es el estado más puro de la expresión artística, y también, el más relacionado con la corporalidad e intensidad del yo.

 

Sofía Squadritto opera desde este lugar. Sus dibujos y fotografías son obras de una gran fuerza expresiva. La artista confecciona maquetas marcadas por trazos agresivos tensionados por una inigualable belleza compositiva. En definitiva, son obras que trabajan desde el gesto rabioso de la mano y la precisión visual, dando así con una atmósferas que es capaz de tocar lo más hondo de la sentimentalidad del espectador.

 

Squadritto construye espacios que van desde paisajes sobre papel, hasta objetos elaborados tridimensionalmente para luego ser fotografiados. Sin embargo, no es la construcción de espacios en sí mismos donde radica su valor. Es la atmósfera que rodea su particularidad. Estos son misteriosos y lejanos, como mirar un escenario donde algún acontecimiento sucedió o está por suceder, un juego entre luces y sombras que develan puntos donde fijar la mirada. Es en su quietud y escasez de información donde las interpretaciones se vuelven abiertas, enfrentándonos solitariamente a una nube densa casi imposible de penetrar.

 

Lo habitable de sus imágenes es casi imposible. Estas repelen, generando una especie de extrañeza o, como dice Freud, una ominosidad. Cualquier cosa reconocible o familiar se vuelve infamiliar, haciendo incomprensible la naturaleza de las cosas. Los árboles no hablan de bosques, las paredes no hablan de habitaciones y las iluminaciones solo potencian la duda. Las obras de Squadritto no están hechas para los extranjeros. Son lugares impenetrables a los que solo ella puede acceder. Esta los construye y los habita al mismo tiempo. Es como si el trazado del dibujo fuera una forma de hacer su propia fortaleza. Gastón Bachelard en su texto La poética del espacio menciona cómo los pájaros construyen sus hogares con su propio pecho, haciendo que su espacio habitable tenga la propia forma de su cuerpo. Así es como opera Squadrito. El trazado, que es la forma misma del gesto de su mano, construye un lugar para ser habitado por ella, un espacio creado desde su forma, para sí misma.

 

Es indudable que si pensamos cómo la manera transforma sus espacios en un lugar propio, la atmósfera va a tener una directa conexión con esto. Por lo mismo es que el componente inmaterial se vuelve extraño para otros. Sus obras solo son posibles de existir en la cabeza de la artista, y lo que vemos no es más que la necesidad natural y brutal de dejar una huella, o quizás un hueco donde la artista pueda hacerse espacio.

 

Esto explica que el dibujo sea el medio más preciso para los fines de Squadritto. Ya sea desde lo tradicional de éste, hasta sus desplazamientos fotográficos y tridimensionales. Todos son una huella desgarradora en donde la artista, además de habitar sus representaciones espaciales, abre su corazón, para dejar una marca imperecedera: un espacio sin tiempo cargado de una sentimentalidad tan fuerte que el mismo soporte se hace innecesario. Se trata de una fuerza que a la hora de trazar hace que todo, incluso los modelos, se vuelvan tan intensos, pareciendo estar siempre al borde de romperse por la marca filosa de un lápiz.