Todas las palabras que quise decir
En esta muestra que evita cualquier condicionalidad, en la que la verdad retrocede y la
contemplación aparece como una serie de sucesos en que nadie participa expresamente.
Recuerda al pensamiento zen: “La nieve se posa en los brotes de las cañas en la orilla; difícil
es ver dónde comienzan estas y terminan aquellos”1
por ello tienen un efecto fluido e
ilimitado, muestra escenas donde no se impone algo y nada se delimita respecto de lo demás.
Sus construcciones pueden ser comprendidas como un gesto diferido de recodificación de la
cultura pop oriental, junto con un trazo restringido a la línea y uso de planos conteniendo
marcas y repeticiones que permiten leer retroactivamente a las generaciones de occidente y
oriente X, Y y Z.
Crea un lenguaje gráfico, en el que expresan los conceptos filosóficos de la memoria y
silencio, resultado de una aparente paleta bi-croma, acompasados con los tiempos modernos.
Al sumergir la mirada en las piezas de Bernechea se notan las diferentes temperaturas tonales,
así como la incorporación “oculta” de otro color de fondo, lo que le da carácter a la superficie,
logrando así traducir sus experiencias, sentimientos y pensamientos; pintando personajes
suspendidos en un tiempo y espacio salido de un mundo particular con escenarios paralelos,
cuya técnica son tributo a las vanguardias de la historia del arte occidental.
Bernechea practica el dibujo, por ello la inclinación constructiva de cada pieza, en el que con
formas mínimas sugiere espacios misteriosos, crea una “imagineria” que da la impresión de
parecerse y no al personaje que, con un rostro desdibujado dota de anonimato actualizando
un diálogo con cada espectador que mira el cuadro.
Sabiendo que para invitar a un disfrute novelesco debemos sentirnos rodeados de una novela,
por todas partes, con la máxima de Bernechea: si la pintura es mentira hagámosla más
grande, es por ello que resulta incompatible con la realidad exterior, para dejarnos ver una
cosa, hay que taparla y así podemos ver otra.
Pamela Ballesteros
1 Engo Kokugon, Crónicas del acantilado azul.