Nunca Morir

Parecido a una pequeña obra de arte, un fragmento debe estar completamente aislado del mundo circundante y acabado en sí cual erizo. 1

La cita elegida resume la concepción de la obra de arte de algunos poetas románticos del siglo XIX. Siempre ha llamado mi atención y ahora, bajo el encargo de escribir este texto, me ha vuelto a parecer emblemática. Los artista de la exposición Morir Nunca, Gaspar Álvarez, Wladimir Bernechea y Sacha Seguel, despliegan un enunciado y una estrategia formal que unifica las propuestas a las que el espectador se enfrentará: apelar al infinito, al deseo de no Morir Nunca y estratégicamente ser los tres pintores de obras de pequeño formato. De aquí mi reconocimiento de una poética romántica.

El pequeño formato, desarrollado en esta muestra como estrategia, suspende en primer lugar, los despliegues de certezas que un autor debe sostener frente al gran formato pictórico. El pequeño formato permite las imprecisiones e incertidumbres, facilita la intuición y el ir a tientas como modo autoral. “La obra de arte completa” – dijo Benjamin, “es la mascarilla funeraria de su intuición”. El pequeño formato permite dar cuenta de un proceso abierto y en construcción, es una estrategia para confundir la linealidad del discurso, su rigidez y pesadez. En este sentido es ágil, móvil, admite contradicciones y  es escurridizo.

En el caso de las obras expuestas, todas ellas recurren a fragmentos pequeños, y es interesante ver como despliegan sus diferencias en la concepción de cómo agrupar y relacionar los diversos cuadros, y ver en este gesto, y no solamente en el gesto pictórico, una intención de autor. La combinatoria espacial de los fragmentos puede entenderse como una combinatoria, no sé si infinita, pero con muchas posibilidades de relación entre los fragmentos y sus disposiciones espaciales. Solamente estas dos variables, qué pintura al lado de qué, y dónde, ya abren un frente donde los artistas deben desplegar su intencionalidad.

Frente a esto, vemos como los tres pintores apelan a resistirse a articulaciones cerradas, y pasan por fronteras estilísticas que van desde el objeto intervenido con pintura- en un acción más Pop,  la yuxtaposición de elementos escénicos contradictorios para anular la narrativa o la imagen pictórica como sistema de relato ambiguo y subjetivo. Además de esto, las estrategias espaciales entre orden-desorden del plano, contracción-dispersión con respecto al vacío, regularidad-irregularidad de dimensiones, pasan a funcionar como los elementos visuales fundamentales, ya que no estamos frente a un pequeño cuadro, sino a  polípticos compuesto por fragmentos, instalados de un modo intencional.

La anatomía de sobrevivencia del erizo, no se debe solamente a ser cerrado, sino a poseer púas. La pintura como medio dentro de las artes visuales contemporáneos sigue siendo un acto de resistencia subjetiva (y de sobrevivencia) frente a los despliegues tecnológicos de la imagen industrial. La asimilación gestual y corporal de la imagen que implica el acto de pintar, y el cuadro como resultado material de esa performance, aparece como intento de resistirse a las articulaciones discursivas hegemónicas.

 

Voluspa Jarpa

Santiago, 2011.

 

 

 

1 Schlegel, Friedrich: Fragmentos (selección) en  Los Románticos Alemanes, p 161, ed. Centro Editor de América Latina,  Buenos Aires, 1966.