EL DESEO CONSTANTE, CON FE CIEGA, DE BUSCAR LO IMPOSIBLE
Cuando nuestros ojos intentan reflejarse en otros, sin dudas buscan en los rostros una confirmación y una aproximación que se codifica en miradas, gestos y rasgos que nos hacen ser humanos y que nos reconocen como un espejo válido de lo que somos; esa vulnerabilidad íntima de la carne y el espíritu. ¿Dónde están estos rostros? Wladymir Bernechea nos hace parte de una exhibición llena de cuerpos sin rostro, cuerpos femeninos que, a través de su luminoso semblante, nos cuestionan y nos interpelan frente a esa humanidad, porque en esa luminosidad cegadora, buscamos y queremos que nos miren, y encontrar su mirada, hacer ese eco, que desaparece como las ondas de una piedra que cae al agua y elimina su rastro vibratorio.
Vemos como se vuelven importantes los gestos de la borradura del rostro justo como declaración de ausencia que nos hace Wladymir, que sin embargo se sienten una especie de arquetipo en búsqueda de un tacto humano femenino, en su negación personal, una forma plural sin individualidades. Somos todos quienes buscamos ese refugio; “Vino mi hija / Ella necesita todo el amor, / Yo necesito todo el amor, / Me refiero a todos nosotros” dice Kendrick Lamar en “Silent Hill” hablando de insomnio, cotidianidades, dureza y amor universal, expulsando falsedades y serpientes internas como parte de un hechizo. Nos encontramos así en espacios de reflexión autovalente, habitáculos y construcciones isométricas de desolación y ansia de encontrar eco en esa presencia universal – sin rostro, que nos cobija de nuestra propia franqueza humana y quizá en esa ausencia de individualidades es que radica la tensión más humana de todas, la necesidad de coincidir en otro, en un diálogo silente que no llega nunca a ser diálogo, sino percepción, observación y materia, carne y hueso de la pintura que nos invita a buscar y encontrarnos en ese vacío, con la añoranza de la humanidad en la época del plástico y el cristal, en el deseo constante, con fe ciega, de buscar lo imposible, echando fuera los demonios y quedándonos con la potencia misma de la necesidad de encontrarnos y vivirnos en comunicación con los demás.
Sacha Seguel – Artista Visual
Expuesta en: Espacio Cultural Iglesia de la Merced, Rancagua, Chile.













