A HIERRO Y A FUEGO EN CARNE VIVA / GASPAR ÁLVAREZ

 

Un golpe silencioso y punzante al corazón, eso es la obra de Gaspar Álvarez. Construye desde los límites entre el dibujo y la pintura. Imágenes livianas y románticas que flotan en el aire tanto visual como atmosféricamente, donde el tema, si bien es directo, esconde siempre un misterio. Un estado sentimental que revela la sensibilidad de la autoría. Es una mezcla entre la melancolía y la sensación de un corazón apretado.

 

Álvarez siempre se mueve entre la representación pictórica y la liviandad de un dibujo. No se sabe a ciencia cierta a qué categoría pertenece su obra, pero esto no importa en su trabajo. Es esa ambigüedad táctica la que hace que sus pinturas/dibujos se traten, finalmente, solo de lo que vemos. No existe la necesidad de saber qué es lo que tenemos frente. El artista  plantea lo esencial dentro de sus obras: nos obliga a involucrarnos y envolvernos en la atmosfera de ellas, sin importar lo que dicen. Se trata de lo que el silencio tiene que decir. Las imágenes hablan de lo que no se expresa con palabras. De esta manera, la obra que plantea el artista es un estado y un tono muy preciso, que se entremezcla en una experiencia de complicidad entre el autor y el espectador.

 

Imágenes de besos, frutas, retratos, entre otros, plantean una especie de tendencia a la construcción visual de lo cotidiano, evidenciando una temática claramente romántica. Sin embargo, es la intensidad emocional lo que anula la superficie. El modelo es cambiado por una sentimentalidad atmosférica desde el autor. Es él el que flota sobre la pintura. Su individualidad y posición frente al arte, que en este caso apunta a un estado de sensibilidad constante, se superpone sobre las imágenes que produce. Todo está bañado por un silencio que aparenta un tiempo suspendido y un lugar sin oxígeno –apela a la más profunda humanidad de la práctica artística–.

 

Chico Buarque dice en su canción Tatuagem: «quiero ser la cicatriz sonriente y corrosiva,
marcada en frío, a hierro y fuego, en carne viva». La obra de Álvarez es una cicatriz marcada a fuego en carne viva. Su temporalidad permanece como una marca en la piel que clava directamente en lo profundo del espectador. En este sentido, las imágenes no son clasificables en una línea temática propia del arte contemporáneo (a pesar de trabajar con temas como pie forzado). Está al margen de éste, es una obra que funciona en un espectro propio, con estrategias que se enfocan en lo esencial en el arte. Como dice el filósofo japonés Kitarou Nishida, hablando sobre el arte y la experiencia estética: «se trata de una verdad que surge ante nosotros como un estímulo que nos impacta desde el fondo del corazón».