Texto incluido dentro del libro “Sub 30: Pintura en Chile”

 

Pequeños paisajes monocromos, habitaciones vacías, escaleras y remansos, grandes bloques de concreto en el horizonte; en definitiva, extraños y silenciosos parajes, lugares que parecieran ocultar una historia, insinuar un relato, pero cuyo murmullo no indica asunto alguno.

 

Imágenes desconcertantes, sin duda, son las que lleva desarrollando de un tiempo a esta parte Bernechea, mediante una pintura descolorida o, mejor dicho, cuyo motivo es la ausencia de color: los tonos y matices del gris, el empaste blanco o la remarca negra, configuran representaciones muy próximas al imaginario fotográfico tradicional, así como el uso puntual de la imagen fotocopiada en algunos de sus trabajos —cuestión también vinculable a su inclinación por el dibujo— denotan aquel acervo propio de la superficie fotosensible. Sin embargo, la propuesta de Bernechea es pictórica, lo que queda demostrado no en el color, porque se ausenta, sino en el grumo, en la mancha, en el gesto sutil, es decir, en la materia pictórica como tal, que recubre los pequeños soportes, que empastan la imagen fotocopiada, que construyen y rebasan con su derrame los contornos de las figuras allí representadas.

 

Por ello, tal vez el mejor modo de definir el enigma en las imágenes de Bernechea, sea a propósito de ese talante atmosférico y fragmentario de su trabajo, en otras palabras, dando cuenta de la imposibilidad de articular un relato lineal y definitivo sobre lo que pareciera que ahí acontece y, por el contrario, haciéndose cargo de la incomodidad generada por el mutismo mortuorio y ruinoso de aquellos lugares. En aquellos paisajes, en esas habitaciones, en tal arquitectura, la pintura de Bernechea no cubre, sino que devela, la extrañeza que en ellas habita.

 

Victor Diaz Sarret

Teorico e Historiador del Arte

Libro Sub30: Pintura en chile