“Ese extraño momento antes de la catástrofe”

 

El artista nacional Wladymir Bernechea (1989) nos presenta la muestra “Hundirse en la niebla”, un conjunto de obras que tienen como antecedente directo, un extenso recorrido visual previo de imágenes para un trabajo conceptual y plástico de larga data. La pregunta en que Bernechea se mueve, recursivamente, es si en el fondo es posible que los espacios puedan ser dotados de cierta afectación o sentimentalidad. Por “espacios” el artista entiende aquí cualquier lugar que pueda ser vaciado de significado y cargado al mismo tiempo de uno novedoso o completamente diferente del anterior. Esta resemantización territorial produce una dislocación, una fractura que hace emerger desde su propia plasticidad discursiva la sensación de extravío, de extrañeza ante lo que se mira o se es “testigo”. En este mismo sentido, lo geométrico que acá comparece no se condice o no se corresponde con lo orgánico del paisaje. En las escenas que se observan, por ejemplo, las casas y edificaciones se presentan como arquitecturas obstruidas sobre sí, esto quiere decir que esos habitáculos no están construidos para acoger ni cobijar, y son, por el contrario, algo completamente diferente del hogar, que podría ser definido como una suerte de nido o forma cómoda que se adapta a uno mismo (Bachelard).

 

La elección de los paisajes tampoco es casual y menos la proliferación de cielos cubiertos, los cuales evocan y ponen en tensión una suerte de dramatismo atmosférico. Es por eso que estas imágenes parecen articularse justo momentos antes de que acontezca la catástrofe o en el segundo previo a la caída de la “tormenta”. Por lo tanto, su primera relación pictórica es con la atmósfera o con lo que circunda al objeto propuesto. En este punto es donde decimos que los cuadros de Bernechea tensionan el exterior circundante con la arquitectura y en donde los demás elementos plantean un conflicto con el gris monocromático que acentúa la sensación de peligro e inhospitalidad. El tamaño de las obras tiene también una intención clara, la de albergar en una microcápsula un pequeño espacio suspendido, para que se acreciente en él la incerteza de la duda o la imposibilidad propositiva de una convicción, de un saber qué sucede o cuál decisión se debe tomar. Las dimensiones de los cuadros invitan al espectador a acercarse físicamente a mirar, pero a la vez la imagen ofrecida para su regocijo estético le rechaza, al no dejarlo entrar cómodamente en la escena, ni sentirse a gusto frente a lo que se mira. Bernechea reflexiona y elabora cruces entre las ideas de espacio, silencio, gravedad, atmósfera, afectación, monocromía, antropofobia, melancolía, incomunicación y soledad.

 

Sus influencias como artista no vienen dadas solamente desde el campo de las artes plásticas, Malevich por ejemplo, sino que proceden también del animé, del cine y de la arquitectura. Estos influjos estéticos están presentes en las formas, los espacios y en las maneras de configurar los cruces entre lo abstracto de las edificaciones y los paisajes, los tonos y las superficies de emotividad. Todo ello hace que la obra de Bernechea sea un encuentro entre la cultura pop y las absorciones propias que realiza el arte contemporáneo con el imaginario cultural.

 

Jorge Lorca, Dr © en Filosofía y Teoría del Arte.